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Lo básico

TDAH y autismo: en qué se parecen y por qué muchos niños tienen los dos

Se confunden todo el tiempo, y con razón. Aquí está la diferencia práctica y por qué el diagnóstico puede tardar años en completarse.

7 min de lecturaPublicado el

Ilustración en 3D de una niña con un lazo rosa saludando con las dos manos

Primero, una aclaración de nombre que evita confusiones: se escribe TDAH, de trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Y aunque mucha gente dice «el espectro» para las dos cosas, el espectro es el autismo. El TDAH es otra condición distinta.

Dicho eso, es normal confundirlos. Se parecen mucho por fuera, aparecen a las mismas edades, y con bastante frecuencia el mismo niño tiene los dos.

Qué es el TDAH

Es una de las condiciones del neurodesarrollo más frecuentes en la infancia. Afecta a la capacidad de sostener la atención, de frenar los impulsos y de regular el nivel de actividad. Suele detectarse en la infancia y en muchos casos continúa en la vida adulta.

No se presenta igual en todos los niños. Se describen tres formas:

  • Principalmente inatento: se despista, pierde cosas, parece no escuchar. Puede estar muy quieto
  • Principalmente hiperactivo e impulsivo: no para, interrumpe, actúa antes de pensar
  • Combinado: las dos cosas a la vez

El primer tipo es el que más se pasa por alto, sobre todo en niñas. Un niño que se mueve mucho molesta en clase y se detecta; una niña callada mirando por la ventana no molesta a nadie y pasa años sin que nadie pregunte nada.

En qué se parecen

  • Los dos empiezan en la infancia y no aparecen de golpe a los diez años
  • En los dos cuesta seguir instrucciones y terminar lo que se empieza
  • En los dos puede haber problemas con otros niños
  • En los dos hay mucha frustración y crisis frecuentes
  • Y en los dos el niño puede parecer «maleducado» a ojos de quien no sabe

La diferencia que de verdad sirve

Cuando una familia me pregunta cómo distinguirlos, la respuesta más útil no está en la conducta, sino en el motivo que hay detrás.

Un niño con TDAH suele querer estar con los demás, pero se le va la cabeza: interrumpe, cambia de tema, se aburre a mitad del juego. Falla el mantenimiento, no el interés.

En el autismo lo que cambia es la forma de conectar. No es que el niño quiera jugar y no pueda concentrarse; es que las reglas sociales no le resultan evidentes, o le interesa otra cosa, o el ruido del patio le resulta insoportable.

  • Rutinas: en el autismo, cambiar los planes puede provocar una crisis intensa. En el TDAH suele molestar menos
  • Intereses: en el autismo son profundos y estables. En el TDAH suelen ser intensos pero cambiantes
  • Lenguaje: en el autismo puede haber retraso o un uso peculiar. En el TDAH el lenguaje suele desarrollarse normal, aunque hable mucho y sin filtro
  • Sensorial: los ruidos, las etiquetas y las texturas suelen pesar más en el autismo

Por qué muchos tienen los dos

Durante años los manuales no permitían diagnosticar las dos cosas a la vez. Eso cambió, y hoy se sabe que es una combinación frecuente. Que a tu hijo o tu hija le hayan dicho una no descarta la otra.

Esto tiene una consecuencia práctica importante: si tu hijo tiene un diagnóstico de TDAH y con los apoyos no avanza como se esperaba, merece la pena pedir que se valore también el autismo. Y al revés.

No hay una sola prueba

Ni para el TDAH ni para el autismo existe un análisis de sangre o una máquina que dé el resultado. El diagnóstico se hace observando, entrevistando a la familia y a los profesores, y descartando otras cosas que se parecen: problemas de audición, ansiedad, falta de sueño, dificultades de aprendizaje.

Desconfía de quien te ofrezca un diagnóstico rápido con una sola prueba, sea un test de ordenador o un escáner. No existe tal cosa.

Lo importante para ti

La etiqueta sirve para abrir puertas: apoyos en el colegio, terapias, ayudas económicas. Pero los apoyos se dan por lo que el niño necesita, no por el nombre que lleve el informe. Mientras se aclara el diagnóstico, no dejes de pedir ayuda.

Fuentes consultadas

Este texto está escrito desde cero. Estas son las fuentes oficiales en las que nos apoyamos para comprobar los datos.

Este texto es orientativo y no sustituye la valoración de un profesional. Si algo de lo que lees aquí no coincide con lo que te dice el equipo que atiende a tu hijo, hazles caso a ellos y pregúntales por qué.