Saltar al contenido

Vida diaria

Cuando le da una crisis: no es una rabieta y no se corrige igual

La diferencia entre una rabieta y una crisis de desregulación, cómo reconocer las señales antes, y qué hacer y qué no en el momento.

8 min de lecturaPublicado el

Un niño de espaldas junto a una ventana, tapándose los oídos con las manos

Estás en el supermercado y tu hijo o tu hija se tira al suelo gritando. La gente mira. Alguien murmura que le falta mano dura. Y tú, que llevas meses en esto, ya sabes que no es eso, pero no sabes explicarlo.

La diferencia

Una rabieta tiene un objetivo: conseguir algo. El niño protesta porque quiere el juguete, y suele mirar de reojo para ver si estás mirando. Si consigue lo que quiere, se acaba de golpe.

Una crisis de desregulación no busca nada. Es lo que pasa cuando el sistema nervioso se satura y ya no puede más. Da igual que le des el juguete: no va a parar, porque no era por el juguete.

  • La rabieta se dirige a alguien; la crisis ocurre aunque no haya nadie mirando
  • La rabieta para cuando se consigue el objetivo; la crisis sigue su curso
  • Tras la rabieta el niño está normal; tras la crisis suele quedar agotado, a veces se duerme
  • La rabieta se puede negociar; la crisis no, porque en ese momento no hay con quién negociar

Un niño puede tener las dos cosas. Tener autismo no significa que todo lo que hace sea una crisis. La diferencia está en si busca algo o si está desbordado.

Lo que pasa antes

Casi ninguna crisis empieza de golpe. Suele haber señales durante minutos u horas, y aprender a verlas es lo que más cambia la vida de una familia.

  • Se tapa los oídos o entrecierra los ojos
  • Se mueve más de lo normal: balanceo, saltos, aleteo
  • Deja de responder o responde con menos palabras de las habituales
  • Se pone rígido, o al revés, se derrumba y se tira al suelo
  • Se irrita por cosas que otros días no le molestan

Cuando veas eso, todavía estás a tiempo. Sal del sitio, baja el ruido, quita la exigencia. Salir del supermercado sin la compra es mucho más barato que la hora siguiente.

Qué hacer durante la crisis

  • Menos palabras. Una frase corta, repetida, con voz baja
  • Bajar los estímulos: menos luz, menos ruido, menos gente
  • Asegurar que no se hace daño ni hace daño a nadie
  • Quedarte cerca sin invadir. A veces el contacto ayuda y a veces empeora: tú sabes cuál es su caso
  • Esperar. Suena a poco y es lo más difícil

Qué no hacer

  • Razonar, explicar o preguntar «¿qué te pasa?». En ese momento no puede procesarlo
  • Levantar la voz o amenazar con un castigo
  • Sujetarle por la fuerza, salvo que haya peligro real
  • Darle lo que pedía para que pare: si era una crisis, no funciona; si era una rabieta, acabas de enseñarle que funciona
  • Explicarle a quien mira lo que le pasa a tu hijo. No le debes explicaciones a nadie

Después

Cuando pase, no es momento de sermones. El niño está agotado y avergonzado, aunque no lo diga. Agua, un sitio tranquilo y silencio. La conversación, si toca, es horas después o al día siguiente.

Y anota qué pasó: hora, lugar, qué había ocurrido antes, cuánto duró. Al cabo de unas semanas verás patrones que ahora parecen aleatorios. Casi siempre los hay: el hambre, el sueño, el ruido, un cambio de rutina.

Sobre ti

Aguantar una crisis en público, con gente juzgándote, agota de una forma que quien no lo ha vivido no entiende. No eres mala madre ni mal padre por acabar llorando en el coche. Eso también forma parte de esto, y no se habla lo suficiente.

Fuentes consultadas

Este texto está escrito desde cero. Estas son las fuentes oficiales en las que nos apoyamos para comprobar los datos.

Este texto es orientativo y no sustituye la valoración de un profesional. Si algo de lo que lees aquí no coincide con lo que te dice el equipo que atiende a tu hijo, hazles caso a ellos y pregúntales por qué.