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Lo básico

Bilirrubina alta al nacer: cuándo es peligrosa y qué secuelas puede dejar

La ictericia del recién nacido casi siempre es normal. Cuando no lo es, puede dejar secuelas de por vida, y casi siempre se puede evitar. Las señales de alarma y qué pedir después.

16 min de lecturaPublicado el

Ilustración de un bebé recién nacido durmiendo plácidamente
Imagen de catalyststuff en Magnific

Empecemos por lo que tranquiliza, porque es lo más frecuente con diferencia: la mayoría de los recién nacidos se ponen un poco amarillos en los primeros días, y no pasa absolutamente nada. Se llama ictericia, es normal y se va sola.

Pero en una minoría de casos la bilirrubina sube mucho y no se trata a tiempo. Y entonces sí puede dañar el cerebro y dejar secuelas para siempre. Lo importante de todo este artículo es que ese daño es casi siempre evitable, y que evitarlo depende de detectarlo pronto.

Qué es la ictericia y por qué aparece

La bilirrubina es una sustancia amarilla que se produce al renovarse los glóbulos rojos. El hígado la elimina. En un recién nacido el hígado todavía va lento, así que se acumula un poco y la piel y los ojos se ponen amarillentos.

Suele aparecer al segundo o tercer día, alcanza su punto más alto entre el tercero y el quinto, y luego baja. Ese es el curso normal.

Cuándo deja de ser normal

  • Aparece en las primeras 24 horas de vida. Eso nunca es normal, sea a las veinte horas o a las tres. Suele significar que la sangre del bebé se está destruyendo, casi siempre por incompatibilidad con la de la madre. Es urgente el mismo día, no al día siguiente.
  • El amarillo baja del pecho hacia la barriga, las piernas y los pies. Cuanto más abajo llega, más alta suele estar.
  • Dura más de dos semanas.
  • El bebé nació antes de tiempo. Los prematuros aguantan menos bilirrubina y se dañan con cifras más bajas.
  • Hay incompatibilidad de grupo sanguíneo entre la madre y el bebé, o el parto fue con moretones o cefalohematoma.
  • El bebé no está mamando bien o no moja pañales. Comer poco hace subir la bilirrubina.

Las señales de alarma: esto es urgencia

Si ves cualquiera de estas, no esperes a la cita. Es de ir a urgencias.

  • Llanto agudo, muy distinto al habitual, o que no se consuela con nada.
  • El cuerpo arqueado hacia atrás, o al revés, muy flojo y sin fuerza.
  • Movimientos raros de los ojos, o que no siga las cosas con la mirada.
  • La piel muy amarilla o incluso anaranjada.
  • Cuesta mucho despertarlo, o no se despierta para comer.
  • No agarra bien el pecho o el biberón, y no moja suficientes pañales.

Los CDC recomiendan que a todos los bebés los vea un profesional entre el tercer y el quinto día de vida, porque es cuando la bilirrubina llega a su punto más alto. Si te dan el alta a las 48 horas, esa cita es imprescindible: pídela antes de salir del hospital.

Si tu bebé tiene la piel morena, esto te interesa especialmente

Este apartado puede ahorrarte un disgusto, y casi nunca se cuenta.

La ictericia se suele valorar de dos maneras rápidas: mirando el color de la piel, o con un aparatito que se apoya en la frente y da una cifra en un segundo. Las dos fallan más en pieles oscuras.

  • A ojo, el amarillo se ve mucho peor sobre piel morena. Es imperfecto en cualquier bebé y bastante poco fiable en los de piel oscura.
  • El aparatito de la frente da cifras más bajas de las reales en piel oscura. Y lo peor: se equivoca más cuanto más alta está la bilirrubina de verdad. Falla justo cuando más importa acertar.

Esto no es una sospecha: en el Reino Unido, los bebés de familias negras, del sur de Asia y de otros grupos no blancos son la cuarta parte de los nacimientos y la mitad de los casos de kernícterus.

Qué hacer con esto: si tu bebé tiene la piel morena y hay cualquier duda o cualquier factor de riesgo, pide que le midan la bilirrubina en sangre, no solo que lo miren o le pasen el aparato por la frente. Es un análisis normal, sale rápido y es la cifra de verdad. Pedirlo no es desconfiar del médico: es que la herramienta rápida tiene ese punto ciego conocido.

Cómo se trata

Saber lo que van a hacer quita mucho miedo, sobre todo si te dicen que hay que ingresarlo.

  • Alimentarlo más a menudo. Cuanto más come, más evacúa, y la bilirrubina se elimina por ahí. A veces con esto basta.
  • Fototerapia. El bebé bajo una luz azul concreta, con los ojos tapados y en pañal. Esa luz transforma la bilirrubina en algo que el cuerpo sí puede eliminar. No duele, no es radiación peligrosa y es lo habitual.
  • Inmunoglobulina por vena, cuando la causa es una incompatibilidad de sangre entre la madre y el bebé.
  • Exanguinotransfusión, que es lo que llaman «cambio de sangre».

Esa última es la que más asusta y conviene entenderla. Se le va sacando la sangre en pequeñas cantidades y sustituyéndola por sangre de donante, poco a poco. Al retirar sangre cargada de bilirrubina y meter sangre limpia, la cifra baja deprisa.

No se hace por costumbre ni a la primera. Es el último paso, y antes hay un protocolo. Cuando la cifra se acerca al límite en el que habría que hacerla, se sube la fototerapia al máximo, se pone suero por vena y se mide la bilirrubina cada dos horas o menos. No una vez al día: cada dos horas. Ahí se ve si está bajando o no.

Si con eso baja, no hace falta la transfusión. Si no baja, o si la cifra ya está en zona peligrosa, entonces sí. Es un procedimiento serio, se hace en cuidados intensivos y tiene sus riesgos, pero se plantea porque el riesgo de no hacerlo es mayor. Si te la proponen, es que la cosa iba en serio.

Con una excepción importante: si el bebé ya tiene señales neurológicas —el cuerpo arqueado, llanto agudo, muy rígido o muy flojo, pausas al respirar— entonces no se espera a ver si la luz funciona. La transfusión es urgente y se hace ya. Si ves eso y te dicen que esperéis, pide que lo valore el neonatólogo en ese momento.

Lo del sol no sirve, y además es peligroso

En muchas familias se hace y se recomienda con toda la buena intención: sacar al bebé al sol o ponerlo junto a la ventana. Conviene decirlo claro: no funciona como tratamiento.

  • El cristal de la ventana bloquea justo la luz que haría efecto.
  • Al sol directo, un recién nacido se quema, se deshidrata y se acalora en muy poco tiempo.
  • La luz del hospital no es «sol artificial»: es una longitud de onda concreta, controlada, con el bebé protegido y vigilado.

Y lo más grave no es que el sol no sirva: es el tiempo que se pierde probándolo. Ese es el daño real.

Qué es el kernícterus y qué deja

Cuando la bilirrubina sube mucho y no se trata, atraviesa hasta el cerebro y daña zonas concretas. A ese daño ya establecido se le llama kernícterus, y es permanente.

  • Un tipo concreto de parálisis cerebral, con movimientos que el niño no controla.
  • Sordera o problemas de audición, muchas veces de los sonidos agudos.
  • Dificultad para mover los ojos hacia arriba.
  • Manchas en el esmalte de los dientes de leche.
  • Y sí, retraso del desarrollo y dificultades de aprendizaje.

Es poco frecuente, precisamente porque en la mayoría de los sitios se controla y se trata a tiempo. Que sea raro no quiere decir que no pase: pasa donde el control falla.

Lo que mira el neurólogo, y lo que no descarta

Si hubo cifras muy altas, es normal que os manden al neurólogo y que pida una resonancia. Busca algo concreto: la bilirrubina se deposita en una zona profunda del cerebro llamada globo pálido, y ahí deja una señal característica, igual en los dos lados. Es una imagen bastante reconocible, y cambia según la edad del niño.

Ahora la parte que casi nadie explica: que la resonancia salga normal no significa que no haya pasado nada.

Existe algo descrito como disfunción neurológica inducida por bilirrubina, que verás abreviado como BIND. Se define justo así: dificultades del desarrollo sutiles, sin los hallazgos clásicos del kernícterus. Torpeza de movimientos, mal equilibrio, poca coordinación, dificultad con la motricidad fina, tono muscular raro.

Conviene decir también que entre especialistas se discute hasta qué punto eso existe como cuadro propio en bebés nacidos a término. No todo el mundo está de acuerdo. Pero para ti, como padre, lo práctico es esto: una resonancia normal no cierra la puerta. Si ves a tu hijo torpe, con mal equilibrio o que va retrasado, eso vale más que una imagen limpia. Insiste en la evaluación del desarrollo y en los apoyos.

Si tu hijo tuvo ictericia fuerte, pide esto

Aquí va el consejo más concreto del artículo, y el que más se pasa por alto.

A casi todos los recién nacidos les hacen una prueba de oído rápida en el hospital, la de otoemisiones. Esa prueba mide el oído interno. Pero el daño que hace la bilirrubina está más adentro, en el nervio auditivo y el tronco cerebral. Resultado: un bebé puede pasar esa prueba y tener igualmente una sordera.

No es una rareza. En un estudio con recién nacidos de riesgo, uno de cada cuatro falló la prueba profunda habiendo pasado la rápida en los dos oídos, y ese patrón se asociaba con la ictericia.

Si tu hijo tuvo ictericia importante, pide expresamente unos potenciales evocados auditivos de tronco cerebral, que verás escritos como PEATC o ABR. No te quedes con «pasó la prueba del oído». Y si además no habla o va retrasado, esto es lo primero que hay que descartar, antes que nada.

Se parece al autismo, y no lo es

Esta es la parte que casi nadie explica y que más confunde a las familias.

Un niño con daño por bilirrubina puede no responder a su nombre, no hablar, no mirar a los ojos como se espera y moverse de forma llamativa. Es exactamente lo que describe un padre cuando sospecha autismo. Y sin embargo, la causa es otra.

  • No responde a su nombre porque no oye bien, no porque le dé igual quien lo llama.
  • No habla porque no oye lo suficiente para aprender a hablar.
  • No sostiene la mirada como se espera porque la bilirrubina daña el movimiento de los ojos hacia arriba. Es un problema del ojo, no del interés por la gente.
  • Se mueve de forma extraña por la parálisis cerebral, no porque sean estereotipias.

Por fuera se ve casi igual. Por dentro no tiene nada que ver. Y esa es otra de las razones por las que un profesional no le pone nombre deprisa: los propios criterios del autismo dicen que no se diagnostica cuando lo que se ve se explica mejor por otra cosa.

Importa mucho acertar, porque el camino es distinto. Si es sordera, lo que hace falta son audífonos o implante y lenguaje adaptado. Si es parálisis cerebral, fisioterapia y terapia ocupacional. Tratar como autismo lo que es sordera deja al niño sin lo que de verdad necesita.

Y las dos cosas pueden darse a la vez. Un niño puede tener secuelas de la bilirrubina y además ser autista. Que haya una explicación no cierra la puerta a la otra: solo obliga a mirar bien antes de decidir.

Entonces, ¿la ictericia causa autismo?

Es la pregunta que muchos padres se hacen después, y la respuesta con lo que hoy se sabe es tranquilizadora.

Durante años se publicaron estudios que encontraban un aumento del riesgo. Pero una revisión posterior en la revista Pediatric Research hizo lo que hay que hacer: separar los estudios bien hechos de los que no lo estaban. Y al quedarse solo con los seis de mejor calidad, la asociación desaparecía.

Además, cuando se tenían en cuenta otros factores que suelen ir juntos —prematuridad, complicaciones del parto, la salud de la madre—, el efecto se encogía mucho. Eso apunta a que lo que se veía no lo causaba la ictericia, sino esas otras cosas que la acompañan.

Lo que sí está demostrado es lo otro, y conviene no mezclarlo: la bilirrubina muy alta y sin tratar daña el cerebro y deja retraso del desarrollo. Eso no está en discusión. Una cosa es el daño directo por cifras peligrosas, y otra distinta es que una ictericia corriente lleve al autismo.

Así que si tu hijo tuvo ictericia y hoy es autista, lo más honesto es decir que no se sabe si tienen algo que ver. Casi todos los niños que tuvieron ictericia no son autistas, y la mayoría de los niños autistas no tuvieron ictericia.

Y si ya pasó, ¿qué hago ahora?

  • Pide los potenciales evocados auditivos, aunque pasara la prueba del hospital.
  • Pide la evaluación del desarrollo y empieza los apoyos, sin esperar a saber la causa.
  • Consigue el informe del ingreso, con las cifras de bilirrubina y qué tratamiento le hicieron. Sirve para toda la vida y luego cuesta mucho conseguirlo.
  • No te quedes atascado buscando culpables. Saber la causa ayuda a entender, pero lo que cambia el futuro de tu hijo son los apoyos que empiece hoy.

Y si estás leyendo esto con un bebé recién nacido en casa y amarillo: lo más probable, con mucha diferencia, es que no sea nada. Solo asegúrate de esa revisión entre el tercer y el quinto día.

Fuentes consultadas

Este texto está escrito desde cero. Estas son las fuentes oficiales en las que nos apoyamos para comprobar los datos.

Este texto es orientativo y no sustituye la valoración de un profesional. Si algo de lo que lees aquí no coincide con lo que te dice el equipo que atiende a tu hijo, hazles caso a ellos y pregúntales por qué.